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ES 15 - Fase de Actuación


En una gran urbe parece que la indigencia es mucho mayor. Este fin de semana he podido comprobarlo por las calles del centro de la ciudad, gente acostada en las aceras, en el interior de algunos portales, en las entradas de entidades bancarias, bajo los puentes del río, o incluso en callejones poco frecuentados cerca de cubos de basura.

Hacía tiempo que quería hacerlo: experimentar en un cuerpo humano la vida de estos pobres desgraciados, al menos durante unas horas. De modo que el viernes pasado, al anochecer, cuando una parte de la juventud humana parecía enloquecer debido al alcohol y sustancias varias, y otras familias se divertían en las terrazas de los restaurantes ajenas totalmente a lo que ocurre en su entorno más próximo, me dirigí a una pequeña y estrecha calle oscura, la cual hacía de enlace con una arteria importante de la ciudad y con otra calle secundaria. Agarré un par de grandes cartones de las cubas y me acerqué a un grupo de tres indigentes. La pestilencia era horrible, casi insoportable: una mezcla entre heces, sudor de varias semanas y alcohol barato. Pero al cabo de media hora mi nariz pareció acostumbrarse al miasma que manaba de aquellos individuos y de la zona en donde estaban sentados. Probablemente hacían sus necesidades fisiológicas en el rincón que tenían justo a sus espaldas.

Dos discutían torpemente y sin llegar a mayores por quién le correspondía pagar el próximo tetrabrik de vino. El otro parecía ausente, como si no fuera con él, como si quisiera bajarse de un hipotético tren sin rumbo al que estaba subido. Me acerqué con mis cartones y les pregunté si podía sentarme junto a ellos. Durante unos segundos se mostraron desconcertados, pero en seguida amablemente me hicieron un hueco. Una vez acomodado, y a modo de bienvenida, me ofrecieron el último trago de vino. En un principio decliné la oferta, pero ellos insistieron, de modo que hice un esfuerzo y accedí a empinarme el envase con aquel resto del calenturiento líquido rojo. Por un momento quise vomitar pero por fortuna pude contenerme a tiempo, disimulando la acción en lo que pude. Los tres rieron a carcajadas. Creyeron que había perdido la cabeza por estar allí sentado con ellos, «no llevas aspecto de estar desesperado» dijo el más serio de los tres.

«¿De dónde vienes?» quiso saber. De un lugar muy lejano, contesté. «Como todos», y volvieron a reírse. Les pregunté si tenían hambre, por lo que contestaron con cierta picardía que «hambre y también sed». Enseguida supuse a qué se referían con lo de la sed, y quedaba claro que no era agua por los envases vacíos que tenían desparramados a su alrededor. De modo que fui al lugar más cercano para comprarles unos bocadillos, algo de fruta y un par de litros de cerveza bien fría. Hacía mucho calor esa noche.

La improvisada cena originó una fluida conversación, cuyo tiempo aproveché para saciar mi curiosidad a modo de preguntas. Al parecer beben alcohol para olvidar, y así sentir algo de felicidad. Diferentes motivos les llevó a cada uno de ellos a encontrarse en tan lamentable situación: tales como familiares, laborares y económicos, e incluso sociales. Uno de ellos, el que parecía de mayor edad, contó que estaba a disgusto con su familia; según refirió querían recluirlo en algún tipo de centro de ancianos. Y él por supuesto se negaba a aceptar. Incluso dijo que alguna vez se escapó de la habitación en donde lo habían instalado. Argumentaba que nunca contó con el calor y cariño de su familia y que por eso prefería vivir en la calle mendigando aunque pasara frío o tuviera hambre; pero al menos de esta forma podía sentirse libre. El otro, mucho más joven que él, decía que a raíz de la crisis le habían despedido del trabajo en donde tantos años había estado, motivo por el cual su mujer le había abandonado, y que luego al no poder pagar la casa el banco se la había quitado. Por último, el que parecía ausente, el más serio de los tres, se hallaba en una situación de incomprensión social; comentaba que tanta desigualdad lo enfadaba, inclusive con él mismo; que nadie hacía nada porque cambiaran las cosas; y que la gente se resignaba con demasiada facilidad a que los políticos hiciesen lo que les viniera en gana. Últimamente no le encontraba sentido a la vida, por lo que a menudo se lamentaba de haber nacido.

Primero dejé que ellos hablaran, que desaforasen sus frustraciones, que se desahogaran con mi atención. Luego yo dediqué unas palabras que al menos pudieran servirles de apoyo: «nadie sobre este mundo siente la felicidad plena, no existe tal cosa en esta dimensión. La felicidad no es más que un sentimiento que genera una ilusión mental, al igual que el odio, el rencor, el miedo... son sentimientos que manipulan la mente. Aquel que sabe controlarlos con el amor puede llegar a encontrar la paz interior; esto es todo el equipaje que necesitamos.» Justo en ese momento capté la atención total de los tres. Continué diciendo que «cuando se decide hacer este viaje ha de aprovecharse y disfrutarlo al máximo, y sentirse muy afortunados de poder hacerlo. Evolucionar es el plan que toda Conciencia anhela antes de embarcar; no hay algo más importante y transcendental».

Quedaron atónitos ante mi diálogo. Algo fue removido en sus conciencias. Sus ojos se humedecieron. Percibí en ellos una actitud diferente ante la vida.

Dormimos a la intemperie hasta el amanecer. Volví a la tienda y les compré alguna cosa para que pudiesen desayunar. Me lo agradecieron. Después, justo antes de despedirme, les ofrecí cien euros a cada uno, como gratitud por permitirme vivir una noche con ellos. Aquello les desvolvió la curiosidad por saber quién era yo. Un abrazo a cada uno fue mi respuesta; y me alejé con una sonrisa.

Seguramente, esta experiencia me ha servido a mí mucho más de lo que a ellos les puede servir. Me conformo con que ahora puedan visualizar algo más allá de sus horizontes.

Aquí tengo que concluir este escrito. El establecimiento donde me sirvo de la señal wifi va a cerrar de un momento a otro. Aunque me habría agradado de haber incluido lo que he podido averiguar de la familia de Pablo. Los he visitado, pero esto lo referiré en el próximo informe, aún he de contestar un par de comentarios.

«Cierro comunicación»
En'Sil

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